El deseo implícito de una mente desquiciada.

Per me si va ne la citta’ dolente,
Per me si va ne l’eterno dolore,
Per me si va tra la perduta gente.

Giustizia mosse il mio alto fattore:
Fecemi la divina potestate,
La somma sapienza e ‘l primo amore.

Dinanzi a me non fur cose create
Se non eterne, e io eterna duro.
Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Contradicción.


 Es, por supuesto, la contradicción,

La dirección de nuestra vida,

La definición de nuestra alma,

Y tan triste es pensar en las palabras

De un antiguo sabio de las montañas,

Que apelan a la conciencia, no a las entrañas:

“Si no sabes lo que tienes que hacer... malo,

Si lo sabes y no lo haces... peor.”

Al escuchar la voz de la sentida,

Esa razón, hoy tan desaparecida

¿No una leve sacudida?

¿No una ligera impresión?

Entonces polvo al polvo, joven,

Polvo al viejo polvo ¿Lo ven?

Sin cerebro no, ni lo creen.

Sin corazón no, ni lo sienten.

Y aunque los gritos de los vivos

Llegasen hasta sus oídos

Seguro que pensarían

Que se trató de un error, un simple ruido,

Y no los lamentos de un universo hundido.

La luz puede resplandecer ante los ojos

De un ciego y este no la verá,

Así, de igual manera, no conocerán

Aquellos que no lo desean, ciegos

De mente y corazón,

Dementes, sin razón. 

jueves, 1 de septiembre de 2011

Cristal petrificado.

Buscar se ha convertido en una obsesión. Todos sus pensamientos se focalizan el lo mismo, en el objeto de su búsqueda, en la meta a la que quiere llegar. Se mira alrededor, no ve más que sombras borrosas y no le importa. Corre en la dirección a la que su ambición le lleva, guiado por un propósito. Podría bien caminar con los ojos cerrados, pues nada cambiaría: ahora cae por un precipicio hacia la más honda sima, donde le aguarda el dolor, ni se inmuta ¿Qué dolor? No existe ningún dolor, solo aquel que nace del de no encontrar lo que se busca en este preciso instante. Sus cabellos alborotados por el viento mientras se lanza en una loca persecución en pos de su propia demencia. Porque esta búsqueda es tan solo locura, lo sabe. Mas ¿Qué importa si lo que tanto ansía es una simple imaginación, algo que nunca existió? El dolor se hace a veces tan intenso que soportarlo... soportarlo a duras penas le es posible. Ninguna lágrima fluye por su rostro, y este es como un cauce seco, el río estuvo ahí, pero tiempo atrás se secó. Su mente antes era capaz de alzar el vuelo con la elegancia de los cisnes, capaz de remontar la corriente con la gracia de los salmones, capaz de crear de la nada exquisitas filigranas de inconsistente cristal. Pero llegó el día en que su personalidad hiló una figura, donde quedó atrapado todo el poderío de su conciencia, y la hermosa figura, tan grácil y dúctil, se transmutó en fría piedra, calcando para siempre la idea en el centro de su mente.

Precisamente por eso ahora se le ve correr sin aparente dirección hacia el mundo que solo en su mente existe, un mundo que considera perfecto, esculpido hasta la saciedad, pulidas todas la imperfecciones, limadas todas las aristas. No se da cuenta (ah, ni siquiera se lo pregunta ¿Cambiaría algo eso?) de que esa forma petrificada era fruto de un instante, un enredo de momentos, una telaraña de impresiones que por naturaleza son variables, incapaces de quedar plasmadas para siempre, inservibles como modelo, pasajeras cómo ideas. Y, al ser contradicha la naturaleza exacta de la misma, no resulta ser lo que en realidad parece: la estructura sigue intacta, sí, pero... ¿Y el interior? Dentro de esas paredes tan logradas se posa el polvo, el hilo desapareció, ahora se acumula en los intrincados recovecos de una irrealidad imposible. Si es ficción o realidad ¿Qué más da? Todos saben que cada uno vive en su mundo, solo, rodeado de fantasmas, que desaparecen con el sol, y que cada noche resurgen de la niebla, lentos, inexorables, con la caída del astro rey, surgen las brumas y sus lamentos recuerdan al humano que en su mente permanece aislado del resto, que los demonios a nadie más pertenecen, cada uno con los suyos; pero nadie lo admite.

No persigue, pues, un sueño efímero, sino una realidad personal, duradera, que se opone al flujo natural de la esencia. Perdió algo un buen día y por eso comenzó a buscar ¿La inocencia tal vez? Quedó desamparado entre los infinitos mares de lágrimas que barren el concurrido desierto. Su oasis quedó anulado. Despertarse un día y pensar “El mundo no es como lo recordaba.” ¡Sí! Su letargo ha terminado. Ahora se encuentra frente a frente con algo que jamás sospechó que existía, con una inmensidad que le asusta y sin ningún lugar en el que refugiarse. Ya no tiene lugar en el mundo, el mundo no es ya lugar para él. Los lazos que le ataban se soltaron con facilidad ¿Le gustaría por un casual volver a estar atado? Tener un punto de apoyo en una micro realidad... Pero no, en el fondo de su espíritu sabe que jamás volverá nada a ser como antaño, cuando sus ojos estaban cerrados al mundo exterior. Aún así, sus ojos están ahora cerrados, no ven, no quiere ver, abandonado como está a una búsqueda en la que subyace el sentido de su vida. Que ciegue la ira o el amor es lo mismo, introspección, al fin y al cabo. El amor le ciega, un mundo ideal, eso es lo que ama, mas la inexistencia de ese mismo mundo es lo que le provoca ira, un dolor, que aunque no lo admita, le desgarra desde el interior, con afiladas esquirlas de diamante, pues puro es el sueño pero no el dolor que de este deriva.

Se precipita, sí, a la sima, pero, a quién le importa, ni siquiera a él. Vivir de una ilusión que jamás a dado muestras de existir, únicamente en el plano ideal, donde se forjan las más inexplicables esperanzas (veneno para la vida); es insuficiente. Se está ahogando y el aire que cree que respira, que no le deja morir en apariencia, es simplemente un producto de su imaginación, y el agua llena sus pulmones, con impensable ímpetu, con desatado amor. Obcecado en su búsqueda no ve que por el camino quedan desperdigadas millares de oportunidades, que saludan con la sonrisa torcida, anunciando algo que ya nunca será. No advierte que la vida pasa en una búsqueda irrealizable, aún así tuvo suerte de que no fuese una espera. Los gusanos del tiempo se desparraman por su rostro, lamen su cuerpo, lo hacen vulnerable... mientras que precipita sin tregua hacia el más negro abismo. Viviendo su desgracia como en un sueño no es capaz de escapar, de detener su caída y, ya casi al fondo, los salientes son escasos. En la vorágine emerge nítido el rostro donde todos los ríos confluyen, un muro insondable, acogedor y terrible al mismo tiempo. Una lágrima de ceniza brota de su pensamiento, y escapa de su cuerpo acariciando una de sus pupilas... y cuando esta lágrima se pierde en la brutal caída, la mente busca en vano una estructura que hasta hace unos instantes permanecía intacta en el centro de su reino; tan solo una ligera impronta, una señal de que algo ahora falta, es lo que queda en un vacío sideral. Y la conciencia ¡Oh! Su conciencia, se lanza con furia a ese vacío, sin encontrar más que soledad y un silencio sepulcral, algo que había ignorado hasta entonces, captada como estaba por la pétrea figura de un sueño.

martes, 30 de agosto de 2011

Paseo nocturno (2009).

Me encontraba en lo alto de un cerro resguardado en la sombra de un árbol. La tarde ya decaía desde hacia tiempo y el sol se ponía por el oeste, donde las grandes montañas nevadas, sobresalen y obstaculan la vista completa del horizonte. Los últimos rayos del sol se perdían entre las primeras estrellas que ocupaban su lugar en el firmamento y que acompañaban a la luna en su sólito paseo nocturno.
La primera luz en aparecer en la cúpula celeste fue Venus, el planeta del que se dice que vienen las mujeres pero que es en realidad una bola de gases donde es imposible que se desarrolle vida.
Ya se había terminado de poner el Sol y la tarde se me había pasado demasiado rápido, pues, perdido en mis largas reflexiones no me había dado ni lenta de lo tarde de la hora, mis padres sin duda estarían preocupados, pronto comenzaría a caminar hacia mi casa.
La Luna comenzó a salir a mi espalda, al este, era luna llena, sin duda encontraría el camino a casa con facilidad pues nuestro satélite emanaba una gran cantidad de luz que me mostraba, con claridad, todo el paisaje: el campo tenia un aspecto fantasmal, lúgubre, se habían creado sombras y espacios oscuros entre los matorrales, los altos árboles característicos de la zona proyectaban unas sombras espectrales y una gran cantidad de animales nocturnos salía de sus escondrijos para comenzar la actividad en una calmada pero bulliciosa noche de comienzos de otoño.
Marte, el planeta rojo, dios de la guerra para los pueblos de la antigüedad, acababa de salir a la escena nocturna, su resplandor rojizo era inconfundible en el ya cargado cielo noctívago.
Comencé a sentir frío y decidí que era el momento de levantarme y dejar la contemplación; tenia las piernas entumecidas de no moverlas en varias horas, moviéndolas reactive la circulación de estas y emprendí, casi con solemnidad, el camino a casa sin dejar de observar el firmamento.
Me era imposible dejar de mirar a lo alto, el cielo se estaba llenando de miles y millones de estrellas y planetas desconocidos, comencé a sentir que todo el peso del cielo recaía sobre mi cuello y poco a poco comencé a sentir la grandeza de la vida, pues como es posible que de entre tantos planetas, de entre tanta infinidad de lugares posibles donde nacer, la vida conocida nació en la tierra, y yo tuve y tengo la suerte de haber nacido aquí y ahora, y, aunque no fue decisión mía, no puedo reprocharle nada a la existencia pues estoy agraciado con el don de la vida.
Cavilando entre miles de interrogantes similares me acercaba a casa lentamente pero sin pausa, disfrutando de cada momento, deja de mirar el cielo por un momento y me fije en el camino: impresionante; estaba seguro de que era el camino de retorno pero todos los contornos estaban desfigurados, parecía otro camino, pero no lo era, la luz lunar había trasformado el paisaje y lo estaba viviendo en primera persona, lo poderoso que es la luz con la que se miren las cosas, todo cambia, todo es claro y definido y a la vez no tiene definición ni es tan claro como lo pensábamos.
Cada cosa que veía me llevaba a pensar en cuestiones que me llenaban de una sensación e angustia al momento dominada y aplacada por lo estupendo del momento. La luna se paseaba entre las estrellas, tan lejanas y tan pequeñas, haciéndose la reina del firmamento terrestre; de día era el Sol el que gobierna los cielos pero de noche el influjo lunar gobierna los cielos y los mares, creando mareas y demostrando su fuerza y su capacidad para someter nuestro planeta.
Que pensamiento tan complejo el del ser humano, capaz de estropearse una vida pensando en su porque, sabiendo que jamas llegaremos a descubrirlo, pudiendo vivir una vida plena y satisfactoria, sin duda el ser humano no es tan listo como aparenta. Los animales, que viven siguiendo sus instintos no se preguntan el porque, creemos saber que no pueden pero no estamos seguros, simplemente sobreviven. ¿Ha merecido el paso de animales a seres con conciencia racional? No lo sabemos, yo creo que si, y por eso pude disfrutar e esa placida noche estrellada, mientras recorria el camino a casa…

viernes, 12 de agosto de 2011

Vacío cósmico.

Hoy me refugio en una indiferencia,

Que como lejana estrella,

Se encuentra demasiado lejos;

Cayendo a la velocidad de la luz,

Me pierdo en la oscuridad,

Ya pueden pasar planetas, lunas,

Ya pueden morir estrellas,

Ya pueden nacer universos,

Porque nada va a cambiar;

Si el mundo se vuelve un infierno

¡Qué importa! Lo dejé atrás hace mucho,

A veces pienso que avanzo,

Pero tan solo olvido que caigo,

Como ancla en un mar cósmico

¿Acaso espero tocar fondo?

Solo seguir cayendo, cayendo...

No veo la infinitud, mis ojos cerrados,

La intuición bien atenta esperando.

Cayendo a la velocidad de la luz,

Me precipito suavemente, entre miríadas

De estrellas, de galaxias, de cosmos enteros,

Rojos, verdes, amarillos, púrpuras y azules,

Y solo encuentro oscuridad.

¿Ilusiones? Las abandoné en la Vía Láctea

¿Voluntad? La perdí en Magallanes

¿Sentimientos? Olvidados en Andrómeda;

Ahora solo noto el sabor agridulce

De la pérdida en una boca que ya no siento.

Insignificante como un mota de polvo,

Ignorado por la inmensidad

Que me da el privilegio de caer sin pausa

En un vórtice de olvido, donde escapan los recuerdos.

Y si un gigante fijase sus ojos en mi figura

¿Terror o Alegría? La belleza es terrible...

Me perdería en su mirada, tan clara,

Tan reveladora como la muerte de un amor.

sábado, 16 de abril de 2011

Insuficiente alegato a favor de un código ético.

Vivimos en una época convulsa, eso está claro. Algo está cambiando, algo que parece que nadie puede controlar. Cambian los comportamientos, las reacciones, las reglas, las personas… Está claro, lo vemos en cada noticia, algo que no es como lo era antes antes, sea para bien como para mal.

En momentos como estos me pregunto qué valores hay que seguir, me pregunto cuál es la mejor manera de hacer las cosas, me pregunto cómo debería actuar… Me parece una gran problema, pues, veréis, tener un sólido código de valores es una obligación para el ciudadano. Sin embargo el problema radica en la dificultad que conlleva la creación de este tipo de código en tiempos como estos. Los ciudadanos nos preguntamos continuamente ¿Qué sería justo? ¿Sería adecuado hacerlo o no? Necesitamos una directriz, mas soy consciente de que solo cada uno de nosotros puede obtener la suya. Los valores de los antiguos ya apenas son válidos en nuestra época, cuando la población supera los 7000 millones y nos vemos obligados a convivir estrechamente.

Crear nuevas formas de comportamiento, nuevas reglas que sustituyan a las que hasta ahora se han demostrado obsoletas está en nuestra mano, de eso debemos ser conscientes. Nuestro sistema de democracia no está aún obsoleto, simplemente los ciudadanos han hecho mal uso de este, los responsables no han sabido mantenerse firmes y todo esto no hace más que repetirse, de manera que cada día menos personas tienen fe en una democracia que conocemos desde hace relativamente poco.

Está claro que el problema lo tenemos las personas de a pie, quienes no sabemos llevar nuestra vida conforme unas aptitudes aptas para con la sociedad.

Es nuestra responsabilidad no dejarnos llevar por la corriente del egoísmo, de la decadente individualidad, para adaptarnos y cambiar de esta manera el ámbito en el que vivimos.

Pensareis seguramente que esto es fácil decirlo pero mucho más difícil hacerlo: estoy de acuerdo. Mas no hay que perder la fe en nuestra especie, pues de eso depende nuestra supervivencia y nuestro perfeccionamiento, el compromiso con el mundo que nos dio la vida y la responsabilidad que tenemos de conservar el patrimonio universal.

Por muy complicado que sea hacer las cosas bien es necesario hacerlo, debemos unir lo bello con el útil, como decía Horacio, debemos hacerlo “bonito” porque es útil para todos nosotros.

Con respecto al código ético, nadie debe ser capaz de darnos unas normas preestablecidas, de nosotros, como he dicho antes, depende que sea algo acertado o que sea algo inmoral. Debemos ser capaces, pues de eso depende, nuestra supervivencia como sociedad. Debemos ser capaces porque se lo debemos al mundo y a nosotros mismos, porque tener una ética es una forma de ser, una forma de realizarse a uno mismo, una demostración de tolerancia, un alarde de valentía.

domingo, 3 de abril de 2011

Titilante incerteza.

¿Hablan tus palabras el lenguaje del amor?

Susurran alegres sílabas, me saludan desde tus labios,

Me preguntan sí me gustaría acariciar tu mano;

Callo,

Me gritan que te abrace, quieren que dialoguen nuestras bocas,

En el húmedo juego de la ardiente pasión;

Callo,

¿Me miran tus ojos expectantes?

Son tan claros, envidio tu luz.

Aquí hace frío ¿Sabes? Quisiera que tu sol me calentase a mi también;

Callo,

No quisiera estropear este momento.

No te das cuenta de lo duro que me sería moverme, apartarme de tu mirada,

Concluir el ahora, enterrarlo entre recuerdos, como si fuera uno más;

Callo,

Quisiera regalarle el presente a tu mirada, que es efímero,

Me gustaría que lo entendieras, que perder el instante

Me produciría una tristeza infinita;

Callo,

Porque ninguna palabra,

Sería más elocuente que tu mirada,

Y ningún movimiento más ardiente,

Que el deseo que mueve tus pupilas,

Como brasas.

jueves, 20 de enero de 2011

La red y el cuchillo.

Me he dado cuenta de que el ser humano es un gran cazador, conoce el secreto de situar trampas estratégicas, redes irrompibles. Es capaz de tramar un tejido indisoluble a lo largo de los siglos y arrojarlo hacia el cielo, pensando que tal vez no vaya a caer, pero cae y, como el ser humano permanece estático, sedentario en sus proyectos y convicciones, metas y ambiciones, valores y morales, acaba por caer encima, atrapando al animal humano. Una trampa a lo largo de la humanidad que se cierra ahora, atrapando todo lo que somos.

Esta trampa no es sino el entramado de convicciones, de convenciones sociales, de estructuras jerárquicas, de valores recurrentes y de emociones estáticas pero variables. Nuestros antecesores crearon todo esto y más pensando de crear una sociedad, de crear un mundo adapto para el ser humano, para el individuo, un mundo desigual, que tiende a lo justo sin poder evitar lo natural, tachando a esto último de injusto. Intentaron civilizar al animal que hay en nosotros dejándolo libre de hacer, de cambiar el entorno, de edificar castillos en las nubes de la incerteza y del inestable futuro. No se olvidaron los cimientos, de hecho ahí están, sosteniendo las ruinas de nuestra sociedad, principios claros sosteniendo principios inmorales.

¿Qué pensarían los filósofos antiguos, los pensadores romanos, los intelectuales renacentistas, los iluminados, los acérrimos defensores de la revolución industrial, de ver el uso que las generaciones que los han sucedido han hecho con todo lo que han descubierto? ¿Verían el mundo humano, ya sin pulmones, y acaso verían un ser incompleto corrompido por una plaga de la que ellos mismos formaron parte? ¿Pensarían que esta sociedad moderna es el culmen del desarrollo humano, del libre pensamiento, de la solidaridad, de los valores más puros que se encuentran en la base de la moral antigua? ¿O acaso verían a un animal sometido a su propia voluntad, que caprichosa lo amedrenta y atemoriza reduciéndolo a un mohín asustado y endeble?

Me pregunto continuamente ¿Qué es lo que nos tiene presos? Me di cuenta hace poco: la voluntad del ser humano. Nuestro individuo reclama libertad, pero a su vez reclama un orden en el mundo, un lugar organizado. Al final lo estamos consiguiendo: el ser humano se encuentra por todo el planeta, hay un frágil equilibrio político y social, que se mantiene a duras penas y hay una serie de experiencias acumuladas en nuestra memoria de especie, nuestra historia. Y precisamente la historia muestra el patrón humano, muestra el método de la tiranía, muestra los errores en el tejido, los huecos, los desgarrones, pero nos da la imagen de la red en la que estamos atrapados, tejida con la desesperación de un desgraciado. Cada segundo, cada día, se hace historia y todo se repite, todo se mueve siguiendo el patrón de la mente humana, que pese a todo cambia positivamente, lo atestiguan los descubrimientos científicos, no se mueve cíclicamente, sino siguiendo un ritmo, un diseño, una estructura cuya extensión no conocemos.

La red nos encierra y limita nuestra acción pero, por alguna razón, no dejamos de tejerla segundo a segundo, limitando nuestras salidas, eliminando las alternativas posibles a un ritmo insano. Y aún así parece que no nos diéramos cuenta, que quisiéramos acabar cuanto antes para refugiarnos en el deplorable victimismo de un asesino arrepentido. Para tal vez cobijarnos en nuestra propia negligencia esperando el fatal desenlace endulzado con la ridícula y morbosa esperanza.

Pero de momento hay maneras de romper la red, el ser humano fabrica su arma contra esta día a día: la ciencia. Muchas veces la ciencia ha sido utilizada, con secreto placer, para cumplir los deseos de individuos desatados. Los descubrimientos han sido tergiversados, utilizados para la guerra fratricida entre humanos.

El ser humano, bajo el peso de esa red de mentiras y despreciables teorías permanece con un cuchillo en la mano, que crece continuamente, haciéndose más largo y más afilado. Pero el ser humano tampoco sabe cómo utilizarlo y, con sumo masoquismo, se clava en la carne, atravesando piel, tejidos, huesos, vísceras. Un día tras otro se apuñala a sí mismo creyendo mejorar su situación, mientras la red crece y lo encierra. Ya la sangre puede teñir de escarlata la tierra que el ser humano seguirá mutilándose con placer animal poco a poco, hasta que un día esa afilada hoja, teñida de sangre, atraviese su corazón.

Me avergüenzo de estar aquí escribiendo, narrando impúdicamente la realidad de nuestra especie, en vez de estar cambiándolo, de intentar ser algo diferente, algo menos animal, alguien más comprometido con su especie, con su sociedad, con su política, con su mundo. Sin embargo he de decir que soy egoísta, que me creo con derecho de decir lo horrible que soy sin cambiarlo, que me creo con derecho de moldear el mundo a mi antojo, a mi voluntad. Pero, aun sabiendo que la esencia de mi ser individual no se puede cambiar, me veo capaz de afirmar que puedo redirigir la corriente de mi voluntad hacia objetivos menos egoístas aparentemente, pero que siempre tienden a la preservación de la especie.

También me gustaría decir algo de lo que me he dado cuenta y es que, el ser humano, como ya se sabe, tiene un instinto de supervivencia que le obliga a vivir, es lo que creo poder llamar esperanza, pues nunca, con nuestra individualidad, somos capaces de resignarnos a un fatal destino, solemos luchar hasta el final, eso es tener esperanza. De todos modos, quería decir que el instinto de supervivencia lo tenemos a nivel individual, no como especie y, para mí, esto es crucial pues cada individuo intentará casi siempre preservar su persona antes que preservar la especie. Es repugnante, pero pensadlo ¿Si para salvar el mundo y la especie debierais morir, lo haríais? Yo lo haría en el caso de que no me quedase otra opción, esto casi me parece inmoral, pero me parece natural. También me repugna.

(…)