El deseo implícito de una mente desquiciada.

Per me si va ne la citta’ dolente,
Per me si va ne l’eterno dolore,
Per me si va tra la perduta gente.

Giustizia mosse il mio alto fattore:
Fecemi la divina potestate,
La somma sapienza e ‘l primo amore.

Dinanzi a me non fur cose create
Se non eterne, e io eterna duro.
Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate.

sábado, 16 de abril de 2011

Insuficiente alegato a favor de un código ético.

Vivimos en una época convulsa, eso está claro. Algo está cambiando, algo que parece que nadie puede controlar. Cambian los comportamientos, las reacciones, las reglas, las personas… Está claro, lo vemos en cada noticia, algo que no es como lo era antes antes, sea para bien como para mal.

En momentos como estos me pregunto qué valores hay que seguir, me pregunto cuál es la mejor manera de hacer las cosas, me pregunto cómo debería actuar… Me parece una gran problema, pues, veréis, tener un sólido código de valores es una obligación para el ciudadano. Sin embargo el problema radica en la dificultad que conlleva la creación de este tipo de código en tiempos como estos. Los ciudadanos nos preguntamos continuamente ¿Qué sería justo? ¿Sería adecuado hacerlo o no? Necesitamos una directriz, mas soy consciente de que solo cada uno de nosotros puede obtener la suya. Los valores de los antiguos ya apenas son válidos en nuestra época, cuando la población supera los 7000 millones y nos vemos obligados a convivir estrechamente.

Crear nuevas formas de comportamiento, nuevas reglas que sustituyan a las que hasta ahora se han demostrado obsoletas está en nuestra mano, de eso debemos ser conscientes. Nuestro sistema de democracia no está aún obsoleto, simplemente los ciudadanos han hecho mal uso de este, los responsables no han sabido mantenerse firmes y todo esto no hace más que repetirse, de manera que cada día menos personas tienen fe en una democracia que conocemos desde hace relativamente poco.

Está claro que el problema lo tenemos las personas de a pie, quienes no sabemos llevar nuestra vida conforme unas aptitudes aptas para con la sociedad.

Es nuestra responsabilidad no dejarnos llevar por la corriente del egoísmo, de la decadente individualidad, para adaptarnos y cambiar de esta manera el ámbito en el que vivimos.

Pensareis seguramente que esto es fácil decirlo pero mucho más difícil hacerlo: estoy de acuerdo. Mas no hay que perder la fe en nuestra especie, pues de eso depende nuestra supervivencia y nuestro perfeccionamiento, el compromiso con el mundo que nos dio la vida y la responsabilidad que tenemos de conservar el patrimonio universal.

Por muy complicado que sea hacer las cosas bien es necesario hacerlo, debemos unir lo bello con el útil, como decía Horacio, debemos hacerlo “bonito” porque es útil para todos nosotros.

Con respecto al código ético, nadie debe ser capaz de darnos unas normas preestablecidas, de nosotros, como he dicho antes, depende que sea algo acertado o que sea algo inmoral. Debemos ser capaces, pues de eso depende, nuestra supervivencia como sociedad. Debemos ser capaces porque se lo debemos al mundo y a nosotros mismos, porque tener una ética es una forma de ser, una forma de realizarse a uno mismo, una demostración de tolerancia, un alarde de valentía.

domingo, 3 de abril de 2011

Titilante incerteza.

¿Hablan tus palabras el lenguaje del amor?

Susurran alegres sílabas, me saludan desde tus labios,

Me preguntan sí me gustaría acariciar tu mano;

Callo,

Me gritan que te abrace, quieren que dialoguen nuestras bocas,

En el húmedo juego de la ardiente pasión;

Callo,

¿Me miran tus ojos expectantes?

Son tan claros, envidio tu luz.

Aquí hace frío ¿Sabes? Quisiera que tu sol me calentase a mi también;

Callo,

No quisiera estropear este momento.

No te das cuenta de lo duro que me sería moverme, apartarme de tu mirada,

Concluir el ahora, enterrarlo entre recuerdos, como si fuera uno más;

Callo,

Quisiera regalarle el presente a tu mirada, que es efímero,

Me gustaría que lo entendieras, que perder el instante

Me produciría una tristeza infinita;

Callo,

Porque ninguna palabra,

Sería más elocuente que tu mirada,

Y ningún movimiento más ardiente,

Que el deseo que mueve tus pupilas,

Como brasas.

jueves, 20 de enero de 2011

La red y el cuchillo.

Me he dado cuenta de que el ser humano es un gran cazador, conoce el secreto de situar trampas estratégicas, redes irrompibles. Es capaz de tramar un tejido indisoluble a lo largo de los siglos y arrojarlo hacia el cielo, pensando que tal vez no vaya a caer, pero cae y, como el ser humano permanece estático, sedentario en sus proyectos y convicciones, metas y ambiciones, valores y morales, acaba por caer encima, atrapando al animal humano. Una trampa a lo largo de la humanidad que se cierra ahora, atrapando todo lo que somos.

Esta trampa no es sino el entramado de convicciones, de convenciones sociales, de estructuras jerárquicas, de valores recurrentes y de emociones estáticas pero variables. Nuestros antecesores crearon todo esto y más pensando de crear una sociedad, de crear un mundo adapto para el ser humano, para el individuo, un mundo desigual, que tiende a lo justo sin poder evitar lo natural, tachando a esto último de injusto. Intentaron civilizar al animal que hay en nosotros dejándolo libre de hacer, de cambiar el entorno, de edificar castillos en las nubes de la incerteza y del inestable futuro. No se olvidaron los cimientos, de hecho ahí están, sosteniendo las ruinas de nuestra sociedad, principios claros sosteniendo principios inmorales.

¿Qué pensarían los filósofos antiguos, los pensadores romanos, los intelectuales renacentistas, los iluminados, los acérrimos defensores de la revolución industrial, de ver el uso que las generaciones que los han sucedido han hecho con todo lo que han descubierto? ¿Verían el mundo humano, ya sin pulmones, y acaso verían un ser incompleto corrompido por una plaga de la que ellos mismos formaron parte? ¿Pensarían que esta sociedad moderna es el culmen del desarrollo humano, del libre pensamiento, de la solidaridad, de los valores más puros que se encuentran en la base de la moral antigua? ¿O acaso verían a un animal sometido a su propia voluntad, que caprichosa lo amedrenta y atemoriza reduciéndolo a un mohín asustado y endeble?

Me pregunto continuamente ¿Qué es lo que nos tiene presos? Me di cuenta hace poco: la voluntad del ser humano. Nuestro individuo reclama libertad, pero a su vez reclama un orden en el mundo, un lugar organizado. Al final lo estamos consiguiendo: el ser humano se encuentra por todo el planeta, hay un frágil equilibrio político y social, que se mantiene a duras penas y hay una serie de experiencias acumuladas en nuestra memoria de especie, nuestra historia. Y precisamente la historia muestra el patrón humano, muestra el método de la tiranía, muestra los errores en el tejido, los huecos, los desgarrones, pero nos da la imagen de la red en la que estamos atrapados, tejida con la desesperación de un desgraciado. Cada segundo, cada día, se hace historia y todo se repite, todo se mueve siguiendo el patrón de la mente humana, que pese a todo cambia positivamente, lo atestiguan los descubrimientos científicos, no se mueve cíclicamente, sino siguiendo un ritmo, un diseño, una estructura cuya extensión no conocemos.

La red nos encierra y limita nuestra acción pero, por alguna razón, no dejamos de tejerla segundo a segundo, limitando nuestras salidas, eliminando las alternativas posibles a un ritmo insano. Y aún así parece que no nos diéramos cuenta, que quisiéramos acabar cuanto antes para refugiarnos en el deplorable victimismo de un asesino arrepentido. Para tal vez cobijarnos en nuestra propia negligencia esperando el fatal desenlace endulzado con la ridícula y morbosa esperanza.

Pero de momento hay maneras de romper la red, el ser humano fabrica su arma contra esta día a día: la ciencia. Muchas veces la ciencia ha sido utilizada, con secreto placer, para cumplir los deseos de individuos desatados. Los descubrimientos han sido tergiversados, utilizados para la guerra fratricida entre humanos.

El ser humano, bajo el peso de esa red de mentiras y despreciables teorías permanece con un cuchillo en la mano, que crece continuamente, haciéndose más largo y más afilado. Pero el ser humano tampoco sabe cómo utilizarlo y, con sumo masoquismo, se clava en la carne, atravesando piel, tejidos, huesos, vísceras. Un día tras otro se apuñala a sí mismo creyendo mejorar su situación, mientras la red crece y lo encierra. Ya la sangre puede teñir de escarlata la tierra que el ser humano seguirá mutilándose con placer animal poco a poco, hasta que un día esa afilada hoja, teñida de sangre, atraviese su corazón.

Me avergüenzo de estar aquí escribiendo, narrando impúdicamente la realidad de nuestra especie, en vez de estar cambiándolo, de intentar ser algo diferente, algo menos animal, alguien más comprometido con su especie, con su sociedad, con su política, con su mundo. Sin embargo he de decir que soy egoísta, que me creo con derecho de decir lo horrible que soy sin cambiarlo, que me creo con derecho de moldear el mundo a mi antojo, a mi voluntad. Pero, aun sabiendo que la esencia de mi ser individual no se puede cambiar, me veo capaz de afirmar que puedo redirigir la corriente de mi voluntad hacia objetivos menos egoístas aparentemente, pero que siempre tienden a la preservación de la especie.

También me gustaría decir algo de lo que me he dado cuenta y es que, el ser humano, como ya se sabe, tiene un instinto de supervivencia que le obliga a vivir, es lo que creo poder llamar esperanza, pues nunca, con nuestra individualidad, somos capaces de resignarnos a un fatal destino, solemos luchar hasta el final, eso es tener esperanza. De todos modos, quería decir que el instinto de supervivencia lo tenemos a nivel individual, no como especie y, para mí, esto es crucial pues cada individuo intentará casi siempre preservar su persona antes que preservar la especie. Es repugnante, pero pensadlo ¿Si para salvar el mundo y la especie debierais morir, lo haríais? Yo lo haría en el caso de que no me quedase otra opción, esto casi me parece inmoral, pero me parece natural. También me repugna.

(…)

lunes, 17 de enero de 2011

Brainstorming.

Realmente ando perdido por los senderos de las relaciones humanas. Todo me parece muchas veces extremadamente sencillo: los patrones de comportamiento, las reacciones, los lazos que unen a las personas… Otras sin embargo, me parece algo demasiado complicado, como si hubiera demasiados factores que tener en cuenta.

Cito aquí los versos de Dante Alighieri, para que el lector se haga una idea del lugar en el que me encuentro: Nel mezzo del cammin di Nostra vita/ mi ritrovai per una selva oscura, / ché la diritta via era smarrita.

Esto citados versos son los primeros de la Commedia. En estos se hace referencia a la situación de Dante-personaje: está perdido en una oscura selva tras haber perdido el verdadero camino. Algo parecido me sucede, pero de otra manera.

Por decirlo de algún modo, siento que he perdido el camino que me podría llevar al conocimiento de un criterio de verdad universal. Siento que todas mis convicciones tiemblan y se derrumban, ante el terremoto de las dudas y la incerteza. Al contrario de Descartes, esta duda no me sirve para construir una razonamiento, sé que soy una persona que piensa, pero no sé si las cosas son como creo que son, si mi pensamiento me engaña para hacerme creer en una realidad ilusoria, de relaciones inventadas y por lo tanto caducas, de mundos mentales inexistentes, de pensamientos inmorales por falta de criterio.

Por desgracia no sé moverme en este campo, no conozco doctrina alguna que pueda ayudarme a ser lo que en realidad soy; me pierdo.

Las convicciones que nacen un día, acompañando la salida del sol, perecen al resbalar desde mi cerebro a mis labios, y caen al vacío.

Pero, pensadlo ¿Cuántas veces habéis sido vosotros mismos? Sobre mi puedo decir que casi nunca. Lo peor es que sé por qué, sé que es el sistema de enseñanza que no favorece la creatividad, sé que las relaciones humanas hodiernas suelen carecer de amistad y lazos y que eso afecta mucho al desarrollo de la personalidad humana, sé lo que debo hacer, pero no lo hago, sé como quiero ser, pero no lo soy.

Y el problema es el complejo que, sin ayuda de nadie, pero guiado por todos, me he creado, con el que convivo, como una triste fachada gris que esconde un mundo de color inexplorado.

Creo haberme dado cuenta de que no estoy vacío, de que dentro de mí hay un mundo que quiero conocer, que quiero mostrar a los demás, que quiero que sea de todos. Pero las relaciones humanas me confunden, más que nada es el pensamiento: ¿Qué pensará de mí? Realmente me aterroriza ser juzgado sin acierto, pero bueno, ni yo sería capaz de juzgarme con acierto y eso me asusta aún más.

Confundir lo que aparentamos ser, lo que somos y lo que creo que somos, me horroriza. Me gustaría tenerlo claro, para poder conocer a los demás y de esta manera hacerme una idea de cómo son y poder juzgarles, entendido como la creación de una opinión veraz. Me gustaría también que los demás pudiesen hacer lo mismo, que me conociesen por lo que soy, pero claro, como no sé mostrar lo que soy, es normal que opinen sobre mí de manera equivocada. Soy consciente de que depende solo de mí el cambiar las cosas, eso me da un gran poder sobre los sucesos que me conciernen, pero creo que no es suficiente saberlo, no me mueve a actuar.

Me parece que este acta de toma de conciencia no lleva a ninguna parte. Supongo que tendré que pensar mucho sobre como comportarme. Supongo que tendré que aprender a ser yo mismo. Supongo que tendré que conocer a las personas para conocer las relaciones humanas y saber si me equivoco o no al decir que ya no son un apoyo estable para el desarrollo de la persona. Supongo que tendré que aprender a pensar y a actuar.

Son unas pocas conclusiones, casi un esbozo de propósitos, una traza de mis carencias y determinación de mis aptitudes, brillantes por su ausencia.

En resumen, estos son mis deberes para dentro de unas semanas.

¡Habrá que comenzarlos cuanto antes!

viernes, 14 de enero de 2011

Conferencia sobre Petrarca (parte II)

Hoy (13-1-2011) he asistido a la segunda conferencia que Francisco Rico ha dado en la Fundación Juan March. Esta ha puesto fin al ciclo de conferencias, que en este caso eran solo dos, que presentaba el ya mencionado Rico sobre Francesco Petrarca, importante poeta italiano del siglo XIV.

Empezó la conferencia con un agradecimiento del director de la RAE a la Fundación, gracias a la que había recuperado los apuntes que olvidó en un taxi antes de la primera conferencia y, sin los cuales, le hubiera sido más difícil dar explicar correctamente a Petrarca.

Hay que recordar que en la primera conferencia Rico trató al poeta italiano en el ámbito filológico, como padre del Humanismo y, más concretamente del “petrarquismo”. En esta, como pronosticó en la anterior, se trató a Petrarca como poeta, como enamorado de Laura y como fundador de una nueva manera de hacer lírica.

Para empezar propuso al público dos interrogativas sobre las que se basó la exposición del poeta: ¿Es Petrarca un gran poeta o, simplemente, un buen poeta? ¿Es Petrarca un “petrarquista”, es decir, respeta sus propios cánones, su propia corriente?

Además de estos dos interrogantes deleitó al público con su teoría sobre la existencia de una posible Laura, el amor de Petrarca. De hecho insistió varias veces en la broma de que, seguramente, la mayoría del público para lo único que había venido era para saber quién era esta mujer. Comenzó, entonces, con esto último.

Afirmó que una vez, hacía ya mucho tiempo, había recuperado los datos suficientes para elaborar una teoría sobre Laura pero que, sin embargo, por no apuntarlo se le olvidó y que, por eso mismo, ha pasado muchos ratos intentando reconstruir lo que su propia memoria había construido una vez. Personalmente, he de admitir, me hizo harto de gracia porque ¿A quién no se le ha olvidado nunca una cosa de importancia por no apuntarla en el momento? Por desgracia a muchos nos ha pasado, es una realidad bastante penosa.

Por suerte Rico presentó una exposición bastante lograda, aportando datos que muchos estudiosos antes que él habían reunido sobre Laura, pero a la vez rechazando los que no le convencían para la formulación de su teoría. Tras exponer toda la información que tenía pasó a la formulación de su hipótesis, que me parece muy consistente, sobre la existencia de Laura. Yo lo entendí de la siguiente manera. Los datos que Petrarca nos da sobre Laura son casi todos falsos, seguramente los cronológicos, al menos el día y el mes, lo que no quita que la conociera el mismo año en que el él afirma haberla conocido y que muriera en el año que Petrarca dice, es decir, en el 1348, año de la peste negra. Sin embargo, en lo que se refiere a la persona de Laura, Rico tiene en cuenta la suposición de que pudiera ser una persona inventada, que Petrarca hace el centro de sus loas. Pero, citando poesías del poeta, logra convencer sobre la existencia de una persona real lo que desmiente la anterior suposición. Mas esta persona, añadió, no tenía por que llamarse Laura, nombre que Petrarca rara vez cita en sus poesías, excepto en forma de anagrama (“l’aura”) en distintos versos y textos poéticos. Así que, según el experto, no es un nombre real, sino un pseudónimo, como se solía hacer en la época para loar a las damas. Por lo tanto no se puede identificar a Laura con un ningún personaje histórico de la época, como algunos entendidos afirman, sino que debe aceptarse como una persona que existió pero que el poeta nombró de otra manera, con el pseudónimo de Laura.

Resuelto este tema pasó a considerar si Petrarca era un gran poeta o un buen poeta. Comenzó distinguiendo, en su opinión, a un gran poeta de un buen poeta. Para Rico un gran poeta es aquel que revoluciona una lengua, la forma de hacer literatura, que cambiaba algo respecto al modelo establecido en la época. Sin embargo un buen poeta no llega a tanto y en ese sentido es muy limitado.

Personalmente puedo decir que para mi Petrarca fue un gran poeta, pues cambió la manera de hacer poesía, haciendo una síntesis de los modelos precedentes y dando forma a la lengua que después sería el italiano.

El conferenciante hizo un razonamiento parecido, pero mucho más rico en citaciones la propio poeta y de opiniones bastante acertadas. Sin embargo, parece que, aún considerando a Petrarca como un gran poeta por todo lo que más tarde nacería a raíz de su trabajo, no le terminara de convencer, como si le quedaran dudas al respecto y no lo considerara un tema zanjado. Realmente es algo que pude notar por asistir y que es posible que los lectores de esta insuficiente crónica piensen que me invento, pero os aseguro que no he sido el único asistente que lo ha notado.

Más tarde pasó a la siguiente pregunta. Hizo primero una síntesis de las tendencias que Petrarca recogió en su obra: el amor cortés de los trovadores franceses, que consideraban a la mujer algo por encima de ellos; el “dolce stil nuovo” que se había desarrollado con Dante Alighieri y Guido Cavalcanti como máximos exponentes y cuyo rasgo característico es el de considerar a la mujer “donna-angelo” como mujer angélica y objeto de admiración por ser una creación casi perfecta de Dios; el binomio petrarquista que, como es evidente, desarrolló el mismo Petrarca y que trata la combinación de palabras con significados cercanos, muchas veces dulces, sobre todo en lo referente a Laura y sobre todo, en la reelaboración que el mismo Petrarca hacía de sus propias poesías para crear nuevas, jugando de esta manera con las palabras.

La mayoría de estos aspectos concretó más tarde la corriente petrarquista. Pero sobre todo, el último componente de la poesía de Petrarca es el que dio más juego a Rico. Pues sobre este especuló que tal vez se podría considerar a Petrarca como su propio imitador, cosa muy cierta pero a la vez evidente. De hecho sobre esto pienso que cada poeta y escritor tiene su estilo, el de Petrarca era este, el de reelaborar sus propias poesías, lo que dio lugar al uso de un lenguaje uniforme, caracterizado por las mismas palabras, cosa que me parece de vital importancia, pues se reflejará en la poesía italiana y extranjera de los siguientes siglos.

Con una síntesis de lo dicho anteriormente y con la esperanza de haber explicado de manera precisa, aunque simple e imperfecta, como el mismo Rico dijo, concluyó sin más ceremonias la conferencia, y con esta el ciclo de conferencias sobre Petrarca en la Fundación Juan March.

Personalmente solo puedo decir que me dejó bastante satisfecho. No puedo negar que se me pasó volando, como se suele decir, la parte de Petrarca como poeta. Francisco Rico no hizo sino revelar, con espíritu crítico, algunos de los secretos sobre la vida y la obra de Petrarca. Realmente me alegro de haber asistido a estas dos conferencias que me han deleitado con informaciones sobre este poeta que, personalmente aprecio mucho.

Así que, sin más preámbulos, me despido, recomendando de nuevo otro acto en la Fundación, en este caso un seminario de filosofía sobre el carácter excepcional del ser humano, que se impartirá el próximo jueves 20 de enero a las 19:30.

¡Yo no me lo pienso perder!

miércoles, 12 de enero de 2011

Estado de carencia.

Como toda persona, intento crearme una serie de valores que pretendo considerar absolutos, pero que no lo son ni lo serán nunca. Es una búsqueda que cada ser humano realiza a lo largo de su vida. En mi opinión la necesidad de una moral, de unas reglas inflexibles pero no inhumanas, es decir, unas reglas de comportamiento razonadas, y su consecuente búsqueda, es algo que fundamental en la vida de toda persona.

Pero resulta muchas veces que, a pesar del esfuerzo, no logro mantener un comportamiento social acorde con la moral que me planteo. Al igual que un viajero a pie, que se encuentra en lugares desconocidos para él, al toparse con la noche no ve en la lejanía ningún punto de luz, aún sabiendo que cerca debe de haber algún pueblo o granja, se siente más perdido, solo y vulnerable, así se siente mi esencia más profunda, perdida en la niebla de la confusión, errante por unos caminos ya mil veces transitados, buscando un punto saldo en el que descansar de su fracasada aventura sin encontrar, para su desventura, ninguna luz que le sirva de guía.

Y es que, para mí, sin una moral no hay ningún camino posible dentro de la sociedad de los hombres, siempre se acaba transitando por unos derroteros conocidos, que muestran la falsedad de unas reglas que no conforman un comportamiento responsable, moralmente aceptable.

Sin embargo, en mi confusión no soy capaz de mantener un comportamiento duradero, pues todas las formas de moral que encuentro tienen fallos irreconciliables con las posibles soluciones: si encuentro una moral que tiende a la integración social no se reconcilia con mis opiniones y con mis ideas sobre la sociedad, asimismo, si encuentro una moral que tiende, por ejemplo, a la ataraxía esto sería contradictorio conmigo mismo, pues no soy capaz de evitar opiniones y juicios, y así sucesivamente.

Me sirve de mucho leer, en muchos libros se trasmite una parte de la moral del autor a través de los actos y pensamientos de los personajes. Leer es algo como un tónico revitalizante, una porción de cordura, o de locura, de las que se puede extraer parte de la moral del escritor, en el caso de que la utilice al escribir. Me proporciona diferente puntos de vista, diferentes maneras de ver la vida, de personas que tienen más experiencias que yo, que han vivido más, que conocen el mundo de una manera más amplia, que conocen a las personas, que conocen la sociedad y que analizan al ser humano de maneras muy diversas.

Yo como persona me estoy formando todavía a nivel elemental, lo noto porque veo que mis formas de comportamiento, caen una tras otra, por motivos diversos, pero que demuestran su inviabilidad. Es algo que me cohíbe, intentar tantas veces comportarme de la mejor manera posible sin lograrlo por falta de valores, de principios. Pero también es algo que me desmotiva como ser humano, algo como un quiero y no puedo, y es algo que me hace mucho daño a nivel emocional, pues no puedo considerar qué está bien y qué está mal sino desde mi punto de vista humano y animal, que muchas veces falla al hacer las apreciaciones. Sin embargo, muchos son los razonamientos que pueden hacer falso el juicio que desde ese punto de vista hago, así que lo que realmente me interesa es la búsqueda de una moral acertada, no digo universal y siempre verdadera porque me parece casi imposible, que contraste lo menos posible con las demás personas, permitiéndome de esta manera disfrutar de una existencia agradable y placentera.

Esto, al fin y al cabo, no es más que una declaración de intenciones que me hago a mi mismo y de la que pretendo hacer al lector partícipe y conocedor.

Todo esto para indicar mi predisposición, que nace de la necesidad inmediata pero duradera, que tengo para aquellos que puedan aportarme algo a nivel personal, o como recomendación, alguna traza de moral que, desde vuestro punto de vista, consideréis válida para el uso práctico.

No me gustaría ser una persona inmoral, aunque lo dudo mucho porque ¿Quién dice que detrás de mi manera de pensar y de razonar no haya una moral implícita?

Espero que sea así, y espero poder añadirle valores positivos, para mejorar mi comportamiento. Cosa que solo puedo, mejor dicho, podemos hacer los hombres mediante la ética.

martes, 11 de enero de 2011

Conferencia sobre Petrarca (parte I).

Hoy (11-1-2011) he asistido a una conferencia que Francisco Rico, director de la Real Academia Española y afiliado a otras muchas academias de importancia europea e internacional, ha dado en la fundación Juan Match, en Madrid.

Antes de nada he de reconocer que no soy una persona muy activa, en el sentido de que no sigo demasiado los eventos de este tipo, como conferencias, presentaciones, actos públicos con motivación cultural. Tal vez debido a mi juventud o a mi supuesta falta de tiempo. La razón por la que expongo de manera resumida el tema tratado en la conferencia es por que tengo bastante interés en la poesía y más si ser trata de uno de los grandes de la cultura italiana y europea, como en este caso.

Francisco Rico exponía la vida, la obra y la época del gran poeta italiano Petrarca, que vivió en el siglo XIV.

Sin embargo, creo que nadie os podría explicar mejor que Rico, o tal vez los folletos de información que se reparten a la entrada de la Fundación y que, por desgracia, olvidé coger.

El argumento se divide en dos partes que se representan en distintos días, lo que me recuerda que si a alguien le apetece venir el jueves día 13 de enero de este año a las 19,30 empieza la conferencia; yo aconsejo ir con una antelación de al menos media hora.

La primera parte se centra en la vida de Petrarca, en su identidad, en la época en la que vivió, con una pequeña síntesis de la situación política y en su obra, por supuesto.

La segunda parte, a la que asistiré y sobre la que escribiré otra entrada, supongo que se versará en la parte poética del escritor, en la parte personal de su vida, en sus sentimientos y, casi seguro, en su amor por Laura, su mujer ideal.

La conferencia comenzó con una anécdota cómica: Rico había olvidado sus notas y esquemas sobre Petrarca, que pensaba utilizar durante el discurso, en el taxi en el que había venido. Así que el filólogo tuvo que hacer un esquema mental, que no estuvo nada mal, pero que no consiguió, a falta de tiempo para hacerlo, transmitir todas las ideas que hubiera querido.

El discurso se llevó a cabo de una manera amena, con un lenguaje dirigido al público medio, con algunas frases en latín, que posteriormente tradujo, y con algunos “excursus” con fines didácticos. El tono utilizado por el catedrático fue explicativo, con intención de informar de manera clara y precisa al público presente. Todo esto hizo de la conferencia llevadera y simpática, muy didáctica e interesante, lo que se daba por descontado.

Siguió con la vida de Petrarca, sus orígenes: nació en Arezzo, cerca de Firenze, en el 1304, en el seno de una familia acomodada. Rico hizo una aclaración sobre el padre de Petrarca, Ser Petracco, y sobre la infancia de Petrarca, trascurrida en Avignon, en aquel momento sede de la curia papal.

Más tarde prosiguió por los estudios de Petrarca, su predestinación a contable, por parte de padre, se vio truncada por su afición a las letras clásicas, de las que admiraba la forma en un principio y más tarde los valores que trasmitían.

Hizo una breve descripción de la situación política de las familias a las que Petrarca sirvió. Vino acompañada también por la aclaración del empleo de Petrarca, pues no vivía sin hacer nada, es más, sirvió a varias familias de importancia en el Norte de Italia, gracias a las cuales subsistía y podía desarrollar su arte. También obtenía beneficios de la Iglesia, esto es, había decidido entrar en el orden eclesiástico obteniendo un beneficio que le permitía viajar y hacer lo que él quería, escribir y descubrir textos clásicos.

De hecho, esta es la versión de Petrarca que Rico presenta al público en la primera parte de su conferencia: el Petrarca filólogo, padre del Humanismo, aquel que descubrió una gran cantidad de textos clásicos romanos mediante una larga indagación y gracias a unos viajes que hizo por parte de Europa; seguramente el otro lado, tal vez más atrayente de Petrarca, es decir, su faceta como poeta, lo haya dejado para la conferencia del jueves.

Siguió la exposición con los escritos de Petrarca, considerados de manera muy crítica por Rico, que intentó dar una visión general de libros como Secretum, De remediis, De viris ilústribus… El famoso Canzoniere, el plato fuerte, lo ha dejado para el siguiente día.

Finalizó con una apreciación general sobre la vida de Petrarca, sobre aquella faceta que tal vez conocemos menos y que es la más importante, más incluso que la de poeta.

He de decir que la proximidad con la que Francisco Rico trató a Petrarca durante toda la conferencia es bastante meritoria y notable. Es apreciable cómo el filólogo ha interiorizado al famoso poeta florentino y exprime sin tapujos su opinión, muy elaborada, sobre la vida y la obra de este maestro.

Tampoco se puede negar que ha sido una exposición muy crítica, esto es, Rico ha demostrado con argumentos cuales son las partes del Petrarca que conocemos que son falsas, casi todas, cuales de sus escritos son realmente de interés y qué debemos creer sobre lo que Petrarca dice de si mismo, que suelen ser casi siempre mentiras.

El filólogo logra, al final, definir la personalidad de este gran poeta y logra trasmitir al público cuales son los puntos fuertes de su vida y de su obra.

Personalmente solo puedo decir cuanto me ha sorprendido la claridad con la que este hombre comprende al autor italiano y, más que nada, cómo es capaz de crear una visión muy crítica pero acertada sobre lo quién era en realidad Petrarca.

No exagero cuando digo que espero con impaciencia la segunda parte de la conferencia. No se olviden, este jueves (13-1-2011) tienen una cita importante con el poeta italiano Petrarca, interpretado por este gran filólogo de la actualidad mundial que es Francisco Rico; una delicia ¡No falten!