El deseo implícito de una mente desquiciada.
Per me si va ne l’eterno dolore,
Per me si va tra la perduta gente.
Giustizia mosse il mio alto fattore:
Fecemi la divina potestate,
La somma sapienza e ‘l primo amore.
Dinanzi a me non fur cose create
Se non eterne, e io eterna duro.
Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Una tarde de otoño.
Susurran alegres sílabas, me saludan desde tus labios,
Me preguntan sí me gustaría acariciar tu mano;
Callo,
Me gritan que te abrace, quieren que dialoguen nuestras bocas,
En el húmedo juego de la ardiente pasión;
Callo,
¿Me miran tus ojos expectantes?
Son tan claros, envidio tu luz.
Aquí hace frío ¿Sabes? Quisiera que tu sol me calentase a mi también;
Callo,
No quisiera estropear este momento.
No te das cuenta de lo duro que me sería moverme, apartarme de tu mirada,
Concluir el ahora, enterrarlo entre recuerdos, como si fuera uno más;
Callo,
Quisiera regalarle el presente a tu mirada, que es efímero,
Me gustaría que lo entendieras, que perder el instante
Me produciría una tristeza infinita;
Callo,
Porque ninguna palabra,
Sería más elocuente que tu mirada,
Y ningún movimiento más ardiente,
Que el deseo que mueve tus pupilas,
Como brasas.
miércoles, 28 de julio de 2010
Oculto.
la Verdad en su esplendor, rayo de luz blanquecina
que despoja de todo color el alma de las letras
de estética tan cultivada.
Es el suplicio que sufre el buscador de tesoros,
que busca la leyenda que nació del mito
oculto tras generaciones de mortales,
el que sufre el poeta que lee los versos
malditos de quienes le precedieron,
inspirados por Dios o por sí mismos.
Muchos conocen el pesar que provoca la necesidad
de encontrar aquello que codicia el corazón,
y el remedio es pasajero, no es la solución
definitiva, solo la negra dama, eterna e indolente,
duerme la mente pensante a la dulce realidad onírica.
Y en el terreno de los sueños, siempre
inconsistente y mudable, los más íntimos anhelos
se cumplen, los deseos más personales se realizan
liberando al alma dolida de su tan pesada carga.
lunes, 3 de mayo de 2010
Anatomía de un payaso.
Ustedes habrán oído decir seguramente que a algunas personas les dan miedo los payasos ¿Verdad? A mí también me dan miedo, no los de circo, está claro, sino los segundos, estos bufones contemporáneos.
A estos individuos los podemos encontrar por doquier pero, sobre todo, en las aulas de los institutos, donde se empeñan en hacer la vida imposible a sus compañeros de clase.
Muchos expertos en la materia de la educación nos dicen que a esta gente hay que ignorarla, con el fin de que dejen de llamar la atención constantemente. Yo opino que no es fácil, que habría que tener una paciencia desproporcionada y, que posiblemente habría que ser una persona moderada, nada impulsiva y con un carácter firme y temperado.
He de confesar que yo carezco de todo lo citado anteriormente y que, debido a esto, no soy capaz de soportar a este tipo de personas.
Pero otra cualidad que poseen estos payasos modernos es la de tener siempre a favor las circunstancias, nunca dan un paso en falso porque saben donde pisan. Con esto quiero decir que no es fácil pillar desprevenida a esta gente y es más difícil aún-si cabe- dejarlos en ridículo. Es así porque los espectadores, el publico que dictamina si una actuación ha sido graciosa o no, siempre están del lado del payaso, que parece simpático aunque en el fondo todos sepan que es todo lo contrario: una persona con una gran falta de atención, una persona que sufrió un trauma durante su infancia y que por eso persigue siempre ser el centro de las miradas, una persona que tiene miedo a pensar, que teme quedarse a solas con su mente y que por esto dice tantos desvaríos y sin sentidos que podríamos atribuir perfectamente a un tarado mental.
Decía que a estos payasos no se les puede pillar nunca desprevenido porque mantienen las circunstancias y las personas a su favor. De esto podemos deducir que este bufón no es otra cosa que un manipulador. Manipula a las personas para que se vuelvan unos contra otros aún a sabiendas de que estas personas saben lo cretino que es ¿Por qué continua entonces a molestar al prójimo? O porque se divierte o porque le gusta parecer un cretino ignorante- se me olvido añadir que estas personas no son personas de cultura- o porque le gusta ser el centro de atención para bien o para mal...
Por desgracia ninguna de las razones que he escrito anteriormente me satisface, porque sigo pensando en los payasos como en personas y me resulta muy difícil, casi imposible, asimilar que esta gente no utiliza la esplendida mente de la que la naturaleza nos ha dotado a nosotros los humanos. No lo logro concebir y quizás es por esto por lo que soporto a esta gente: por compasión.
No piensen mal, no soy un perdonavidas, pero sí que me entristece pensar que hay personas tan idiotas-en significado culto-que no saben cómo utilizar mininamente su propia mente y que no saben ponerse en el lugar de los demás.
Esto último que acabo de decir es otro de los motivos por los que intento ser un individuo comprensivo con los demás- aunque visto desde este punto de vista esto no parece una causa, sino una consecuencia- e intento tener un mínimo de empatía hacia quienes me rodean. Si alguno de ustedes ha leído un libro, que me ha abierto muchas puertas, de Fernando Savater titulado Ética para Amador seguro que sabe de lo que hablo.
Calibrando todas estas conclusiones me encuentro con la siguiente síntesis: un payaso es una persona-con todo lo que esto implica- que no sabe ponerse en el lugar de los demás y que se comporta en consecuencia.
Es por esto por lo que soporto, y no respeto, a esta gente- aún hablando de la segunda definición inicial-: por pena, por compasión infinita, por misericordia, porque soy incapaz de odiar a alguien que ha perdido la senda de la sensatez y no sabe distinguir lo que es bueno y lo que es malo para los demás y para sí mismo.
viernes, 30 de abril de 2010
Zero.
No hay música, no hay sonidos discordantes, todos están de acuerdo en formar una pantalla alrededor de mi persona.
Este silencio no es sino la suma de todos los sonidos que capta el oído: es el agua que fluye en una fuente, es el alegre canto de las golondrinas una tarde de primavera, es el húmedo sonido del beso de dos amantes, es el grito de los niños y el sonido de mis pensamientos.
Durante la noche no es otra cosa que el espacio de tiempo que hay entre una nota y otra en la Moonlight sonata de Beethoven. La ausencia de preocupaciones y demás problemas humanos. Es un sonido que podría acompañarme durante toda la eternidad, del que nunca me cansaría.
Pero cada vez es más difícil captar el mutismo del sonido. Cada día hay más y más rumores que atormentan al atento oyente. Y cada día echo de menos la soledad que proporciona la calma del vacío y añoro la libertad de la que ahora carezco.
¿¡Oh, armonía, donde te fuiste!? ¿Por qué no te encuentro? Creo que en algún momento fuimos uno solo, alguien mejor.
Solo cuando siento la trasparente soledad, que me proporcionan las personas, creo encontrarte. Pero me engañas, no te escondes en el silencio... ¿Tal vez en el ruido?
Daría todo lo que poseo por poder escucharlo otra vez, por poder añorar el ruido en vez de la ausencia, por poder cambiar de una maldita vez y pensar en la vida bulliciosa como algo bello y no como un tormento. Lo daría todo.
Pero nunca sería suficiente.
miércoles, 28 de abril de 2010
Despotismo.
Los prejuicios que tenemos y que mostramos nos impiden apreciar a las personas por lo que son: personas.
Normalmente siempre que conocemos a algo o a alguien nuevo tenemos nuestras reservas: no confiamos demasiado en esa persona, no hablamos más de lo justo, etc. Estos comportamientos en si no son nada despreciables, pues es normal la desconfianza ante lo desconocido. Pero los prejuicios son distintos: ese tiene la piel oscura, por lo tanto seguro que no es buena persona; ese no habla nada, seguro que es un maniático, etc. Estos comportamientos en sí son verdaderamente repugnantes, pues no hay ningún motivo para que estas nuevas personas que vamos a conocer paguen por el daño que otras personas, no tan buenas, nos han hecho. Es decir: no porque estos nuevos conocidos tengan alguna de las características de otros, que nos hicieron daño en su momento y que se comportaron mal con nosotros, tienen por qué ser iguales o parecidos.
Pero volviendo al tema principal: hablábamos de despotismo. Bueno, los adolescentes de hoy en día, entre por suerte y por desgracia estoy incluido, tendemos a criticar a las primeras de cambio. Criticamos cuando el otro opina de manera diferente, cuando hace algo que no nos parece adecuando, etc. Nosotros intentamos llevar siempre la razón sin respetar la opinión ajena. Esto la mayoría de las veces nos induce a error. Yo opino que no aceptamos y ni siquiera comprendemos la opinión del vecino porque no escuchamos. Estamos tan empeñados en llevar la razón que la mayoría de las veces no escuchamos lo que nos dicen los demás. No es algo con lo que nacemos, claro está, por eso mismo es algo que tenemos que adquirir con el tiempo. Hemos de tener en cuenta que la sociedad hodierna no promueve estos comportamientos. Para mí esto último es solo un aliciente para escuchar y prestar atención a las opiniones de quienes me rodean.
El despotismo nace de esto, es precisamente el abuso de poder o fuerza en el trato con las demás personas. Este abuso nace de la intención que tenemos de llevar siempre la razón y, a raíz de esto, a criticar a los demás de una manera que nosotros creemos correcta. Los prejuicios no son que otro abuso, pues el pensar mal de otras personas antes de conocer como son en realidad acorta las posibilidades de que dichas personas sean tratadas por nosotros como personas(lo que son).
No me gustaría generalizar, mas no me queda más remedio que hacerlo pues no quiero parecer un hipócrita. Los jóvenes tendemos al despotismo. Precisamente es eso lo que nos diferencia de los niños (criaturas inocentes): los niños aceptan a todo aquel que se le acerque y le hable, por muchos defectos que tenga; hay quien dice que los niños son crueles... es cierto, pero son crueles en su inocencia, pues piensan que a las otras personas no le importa que les hablen de sus defectos (seguro que no saben ni siquiera lo que son estos). Todo esto para decir que los jóvenes comenzamos a formarnos unos patrones, unos conceptos, que luego mantenemos durante la edad adulta y que son muy difíciles de cambiar.
El despotismo humano, señores, otro defecto que tenemos y que debemos empeñarnos en eliminar.
viernes, 23 de abril de 2010
Astros.
Mira la bóveda celeste,
observa la noche estrellada,
olvida el mundo terrestre,
acércate, asómate a la balaustrada.
Impoluto firmamento cargado de diamantes
verás, está aquí para ti, esta noche
millones de destellos fulgurantes
ante tus ojos, que derroche.
Está tan claro, y nada importa,
estamos ciegos de egocentrismo
cerramos los ojos ante lo que denota
que estamos muy faltos de civismo.
Cierto solo tenemos un suceso:
la maldita muerte marchita miles de amores,
y solo sientes el ánimo espeso,
demasiado falto de dulces colores.
A través de las estrellas fluye
el pensamiento tan odiado y tan amado,
un día serás parte de una de ellas, huye
inténtalo, no podrás y quedará como deseo irrealizado.
Es la esencia que portamos:
polvo cósmico, partículas recuperadas
de los ancestros astrales estamos
Formados, de oscuridades apagadas.
Y en la noche siempre eterna
disfrutaremos de un funeral,
que entre llantos y sollozos alterna
Una melodía ancestral.
Pero de momento observa
los destellos azulado,
que de infinitas almas conserva
estos deseos irrealizados.
Con una metódica métrica emocional
intenta expresar la turbación
que produce el ser presa de un silencio sepulcral
en lo más profundo de la pasión.
Pero catar la empalagosa calma de la noche
constituye la máxima aspiración de la razón,
así que contempla las sombras sin reproche
y deja que penetren en tu humano corazón.
lunes, 5 de abril de 2010
Hielo
Aunque los finos copos de nieve formaban una alfombra de hielo que cubría cada brizna de hierba el sol lucía con todo su esplendor, resplandeciente como nunca y tan lejano como siempre.
La claridad era abrumadora, un luminoso día.
Los árboles goteaban, los copos de nieve no habían llegado a cuajar y se fundían.
El calor del sol primaveral y la nieve invernal compartían el escenario aun sabiendo que el tiempo de la ultima se acababa ya, el blanco estaba fuera de lugar.
Era raro ver como a pesar de todo los elementos convivían con una armonía escandalosa, totalmente perfecta y natural, era él quien estaba fuera de lugar.
Las nubes acariciaban al sol con largos tentáculos grises, el sol las repelía con cortesía, como si fueran amantes indeseados, despechados.
Un baile digno de ver, un desfile de elementos caóticos que conviven armonicamente. Un espectáculo dulce con el que sueñan los poetas. El idílico paraíso sobre el que todos escriben.
Él era el espectador, estaba allí por casualidad. Estaba allí porque así quería, contemplaba el paisaje, absorto en sus pensamientos, mirando sin ver, recluido en su interior, donde la nieve se fundía con la proximidad de la sangre escarlata.
Un espectador pasivo, frío como el hielo, azulado, claro y pálido, congelado.
Y sus ojos miraban el infinito vacío blanco, como sus pupilas vacías, muertas, más blancas que la nieve, ausentes.
Mientras, en su interior, dormitaba bajo las mantas color carmesí, y los recuerdos se fundían con las aspiraciones bajo el níveo manto de la tranquilidad.
Y los elementos continuaban su disputa, ajenos al dolor y a la muerte, con armoniosa sencillez.
El corazón ya no late, ahora es uno de ellos.
Ajenos al dolor y a la muerte.